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Las rutas invisibles de Alan Reed

Durante más de cuatro décadas, Alan Reed ha construido una de las trayectorias más respetadas del rock progresivo británico. Su nombre quedó ligado para siempre a Pallas, banda escocesa de culto a la que aportó una identidad vocal inconfundible entre 1985 y 2010, participando en discos como The Wedge, Beat the Drum, The Cross & the Crucible y XXV, obras que consolidaron el renacimiento del grupo y ampliaron su influencia más allá de la escena neoprogresiva. Sin embargo, su historia nunca se limitó a una sola banda, ya que paralelamente fue desarrollando una carrera solista caracterizada por una búsqueda artística constante, plasmada en registros como Dancing With Ghosts, First in a Field of One y Honey On The Razors Edge.

Tras su salida de Pallas, Reed amplió aún más su horizonte creativo mediante colaboraciones con diversos músicos y proyectos, además de impulsar iniciativas como The Daughters of Expediency, reafirmando una inquietud artística que nunca dejó de evolucionar.

Instalado desde hace algunos años en la región de Aberdeenshire, en el noreste de Escocia, ha encontrado en la tranquilidad del paisaje escocés un espacio propicio para escribir, producir y desarrollar nuevas composiciones, manteniendo una estrecha relación con sus seguidores a través de conciertos acústicos, encuentros especiales y una permanente actividad creativa que demuestra que su inspiración permanece intacta.

Hoy, ese recorrido adquiere un nuevo significado con su esperado regreso a Pallas, un reencuentro que entusiasma tanto a la banda como a sus seguidores y que abre una nueva etapa para una formación esencial dentro del rock progresivo europeo.

En esta conversación, Alan Reed repasa los momentos decisivos de su carrera, recuerda los discos y escenarios que marcaron su camino, reflexiona sobre la libertad que encontró en su obra solista, habla de la vida que lleva actualmente en Escocia y comparte los desafíos, expectativas e ilusiones que acompañan este esperado retorno a Pallas, el lugar donde una parte fundamental de su historia comenzó a escribirse.

 

Alan, es un verdadero placer hablar contigo. Hace ya varios años que dialogamos para nuestro medio. Desde entonces dejaste tu participación con Pallas. ¡Y luego regresaste! Has trabajado en consolidar una carrera en solitario y, tras el EP Dancing with Ghosts, en 2012 publicaste tu verdadero debut solista con First in a Field of One. Entonces, ¿dónde te encuentras ahora? ¿Estás en Escocia?

Alan Reed: Estoy en Escocia. Me mudé de vuelta hace un año… no, hace unos dos años… en realidad hace cinco años, cuando dejé la BBC. Regresé entonces, hace unos cinco años, pero me instalé aquí, donde vivo ahora, hace aproximadamente dos años y medio. Sí.

¿Podrías repetir el nombre del pueblo?

Es Buchlyvie, en Stirlingshire. Aunque vivo en una zona rural de Stirlingshire, suelo referirme a Stirling como mi ciudad de referencia, ya que está más o menos a la misma distancia de Glasgow.

Tengo un buen amigo que vive en Escocia, Phil, aunque en la costa este, al norte de Edimburgo. Es un gran amigo y trabaja para Acid Dragon.

¿Puedo decirte algo? No tienes acento escocés.

Ah, bueno, te lo he puesto muy fácil. He suavizado mucho mi acento porque mi pareja me dijo cuando regresé: “Bueno, quítate ese inglés de encima cuanto antes”.

Bueno, hablemos primero de tu carrera después de dejar Pallas y luego volveremos al pasado.

Sí, y también al futuro, porque ahora he vuelto a unirme a Pallas. Participé en el último álbum, The Messenger (2023), y también estaré en el próximo, A Song for Tomorrow. Tengo que decir que formo parte de Pallas nuevamente.

¿Entonces volverás a cantar para Pallas?

Oh, sí. Claro que sí. Es algo complejo, bastante complicado.

 

Para nosotros es una excelente noticia. Realmente una gran noticia. Hablemos de tu primer álbum en solitario, First in a Field of One. Lo disfruté mucho. ¿Por qué elegiste ese título? Personalmente me gustaron especialmente “Never Too Late” y “Kingdom of the Blind”, canciones que tienen cierto aire a Pallas.

En aquel momento no sabía si haría más discos en solitario. Fue una especie de prueba, un tanteo para ver si realmente debía embarcarme en un álbum propio y, afortunadamente, funcionó.

Intenté que fuera lo más diferente posible de Pallas. Está impulsado principalmente por guitarras acústicas, en lugar de guitarras eléctricas, como ocurría con muchas composiciones de Pallas. Pero también fue muy duro porque tuve que hacerlo prácticamente todo: guitarras, bajo, teclados, además de trabajar junto al productor Mike Stobbie. Era complicado ser al mismo tiempo el sello discográfico, el guitarrista, el bajista y el cantante.

Sí, fue realmente difícil. Muy, muy difícil.

¿Fue exitoso en terminos comerciales? ¿Lograste vender algunas copias?

Sí. Vendí suficientes como para ganar algo de dinero. No lo suficiente para vivir de ello, pero sí lo bastante para sentir que había valido la pena.

En ese sentido fue un éxito porque, en realidad, era exactamente lo que esperaba conseguir de él en aquel momento.

Vi en los créditos, y también te lo comenté en su momento, que trabajaste con Mike Stobbie.

Así es.

Leí que es una figura muy reconocida en Escocia. ¿Qué puedes contarnos de él?

Bueno, como decimos en inglés, “tiene los dedos metidos en muchos pasteles”; es decir, está involucrado en muchas cosas. Trabaja en publicidad, en producciones teatrales y también toca con varias bandas. Pero, sobre todo, ama el rock progresivo.

Yo le di la oportunidad de tocar el tipo de música que realmente le apasiona. Escuchó mis canciones y aportó muchas ideas. Discutimos bastante sobre ellas, la verdad, pero finalmente llegamos a excelentes acuerdos. Fue una muy buena colaboración.

También hay muchos músicos invitados en el disco, especialmente una artista que conozco bastante bien, Christina Booth. He tenido ocasión de verla varias veces.

Christina era la persona perfecta para trabajar conmigo. Tiene una voz muy profunda, llena de alma, oscura y ahumada.

Era ideal para las partes más cercanas al jazz y también para los coros. Su voz encajaba perfectamente con la mía y, además, es una gran persona. Éramos muy buenos amigos y trabajábamos juntos con frecuencia en aquella época.

Ahora unas palabras sobre tu segundo álbum, Honey on the Razor’s Edge.

Sí.

Debo admitir que no termino de comprender el título del todo. ¿Hay algún juego de palabras detrás?

La expresión la escuché en la radio y pensé que era fantástica. Describe algo que parece dulce en la superficie, pero que esconde una dureza o un peligro subyacente.

Para mí significa precisamente eso: algo atractivo y agradable, pero con una hoja afilada escondida debajo. Hay una sensación de peligro inminente.

Entiendo. Permíteme citar lo que escribió un amigo mío sobre el álbum: “Es un disco de enorme profundidad y amplitud, cuyo corazón son las voces claras y puras de Alan, capaces de atrapar al oyente y conducirlo a través de un viaje musical. Disfruté mucho su debut solista, pero esta continuación posee una fuerza y una intensidad aún mayores. Soberbio”.

Curiosamente, en la pregunta que me enviaste mencionabas el potente motivo de teclado con el que comienza el álbum. Pues bien, ese teclado no lo toca Mike Stobbie, sino yo. Mike decidió conservar algunas de mis partes de teclado en el disco. Hay pequeños fragmentos aquí y allá, aunque la mayoría sí son suyos.

Excelente. Y además hay invitados de lujo como Jeff Green o Steve Hackett.

Sí, Steve Hackett. ¡Conseguí que uno de los mejores guitarristas del mundo tocara la armónica! No la guitarra, sino la armónica.

Estábamos hablando una noche porque él quería que cantara en uno de sus discos. Fuimos a cenar y luego a un pub, como suele hacerse, y terminamos hablando de armónicas. Estaba realmente entusiasmado con ese instrumento.

Cuando regresé a casa pensé que necesitaba algo diferente para una canción. Había considerado algún tipo de guitarra con efectos extraños, algo al estilo de David Rhodes, de la banda de Peter Gabriel, pero de repente pensé: “No, una armónica blues sería perfecta”.

Le encantó la idea porque nadie le pedía tocar armónica. Lo primero que me dijo fue: “Intenté durante años introducir la armónica en Genesis, pero nunca encontré el momento adecuado”. Por eso aceptó hacerlo.

Lo vi en directo hace un par de años y fue maravilloso.

Sí, es fantástico. Yo giré con él por el Reino Unido. Uno de los conciertos fue en el Royal Albert Hall.

Fue una experiencia extraordinaria. Cada noche podía verlo tocar de cerca. Es alguien que ama profundamente la guitarra.

Lo que más admiro de él es su sencillez. Es una persona muy agradable, nada pretenciosa. Pero cuando observas cómo toca, cómo acaricia literalmente el instrumento, entiendes que estás ante un auténtico maestro. Es algo impresionante y muy hermoso de contemplar.

Después de un par de noches, la banda comprobaba que todo funcionara correctamente y se retiraba, pero Steve se quedaba en el escenario tocando. Yo esperaba mi turno para la prueba de sonido y me quedaba escuchándolo. Podría haber pasado toda la noche allí.

Es fantástico. Y nuevamente participa Christina Booth, de Magenta.

Christina volvió a estar magnífica. Le envié algunas canciones y le pregunté si quería hacer coros. Me respondió inmediatamente que sí y me preguntó qué necesitaba exactamente. Entendió de inmediato lo que buscaba y lo hizo de forma perfecta.

Kev, otro amigo y colaborador, comenta que este disco no es exactamente neo-prog ni crossover. Lo define más bien como una mezcla de géneros y estilos, con una enorme riqueza melódica.

La verdad es que nunca me preocupó demasiado qué era o no era progresivo. Simplemente me gusta la música.

Compuse las canciones que quería escuchar y esas fueron las que terminaron en el álbum. Así de sencillo.

Me gusta mucho otra observación de Kev. Dice que se siente como un trabajo de banda más que como un disco estrictamente solista.

Y tiene razón. Aunque toco la mayoría de las guitarras rítmicas, muchas de las guitarras solistas y el bajo, siempre invito a otros músicos para que aporten aquello que yo no puedo hacer: baterías, teclados, coros y otros elementos.

Me gusta dar libertad a los músicos. Los elijo precisamente por lo que son capaces de aportar y creo que es importante permitirles expresar su propia personalidad dentro de la música.

¿Este álbum fue un éxito también?

Creo que fue un trabajo mejor que el primero. Sí, sin duda. Y, nuevamente, me permitió ganar algo de dinero. Lo justo para seguir adelante. Hoy en día, eso ya es un logro importante.

Me hizo gracia la mención en el librito: “Producto de la Unión Europea”.

Sí, bueno, porque lo grabamos en distintos lugares. Realmente era un producto de la Unión Europea. Además, en aquella época el Reino Unido todavía formaba parte de la Unión Europea.

Sí, sí. Mejor no hablemos del Brexit.

No, no, no. Fue un error. Un gran error.

Ya que hablamos de Europa, cuéntanos algo sobre tu país, Escocia.

Bueno, he regresado. Después de muchos años viviendo en Londres, ahora vuelvo a estar en Escocia. Hace unos cinco años dejé la BBC, que era mi trabajo principal. Me hicieron una oferta que no pude rechazar y regresé para trabajar como profesional independiente. Principalmente colaboro con BBC Scotland, aunque también con equipos de la cadena en Salford y Birmingham, pero ya no en Londres.

¿Cuál era exactamente tu trabajo en la BBC?

Trabajé en el área de noticias y asuntos internos. Era productor senior responsable del equipo que cubría temas relacionados con prisiones, terrorismo y asuntos similares. Digamos que no éramos quienes preparaban la noticia ligera para cerrar el informativo.

¿Te parece si hablamos ahora de Pallas?

Por supuesto. Claro que hablaré de Pallas.

He estado escuchando mi colección de discos de Pallas durante los últimos dos días.

¡Vaya! ¡Un viaje al pasado!

Corrígeme si me equivoco. Tu primera contribución fue en Knightmoves y luego en The Wedge, en 1986. Me refiero a esa combinación entre el álbum The Wedge y el EP de tres temas Knightmoves.

En realidad fueron dos publicaciones diferentes. Primero apareció el EP Knightmoves, editado por EMI, apenas seis meses después de que me incorporara a la banda. Luego, al año siguiente, llegó el álbum The Wedge.

Knightmoves to Wedge fue una especie de recopilación publicada posteriormente en CD, cuando el formato todavía no era algo habitual. Por cierto, siempre me ha parecido que tenía una portada horrible.

Sin embargo, incluye “Sanctuary”, la primera canción que escribí para Pallas. Recuerdo tener que explicarle a Derek, el baterista de entonces, cómo evitar el uso de los platos en determinadas partes. Yo estaba escuchando mucho Peter Gabriel 3 y Peter Gabriel 4, y quería ese tipo de sonido. Al no usar tantos platos, había mucho más espacio en la mezcla. Fue complicado hacerle entender exactamente lo que buscaba.

Había oído que algunas canciones antiguas fueron regrabadas con tu voz para ese lanzamiento. ¿Es cierto?

No exactamente. Las mezclas podían ser algo distintas, aunque sinceramente ya no estoy seguro. The Wedge es un recuerdo lejano.

Canciones como “Rat Race” pertenecían a un álbum mucho más elaborado. El EP era una declaración de intenciones. Cuando llegué a la banda ya existía un contrato con EMI y teníamos plazos muy ajustados, así que necesitábamos grabar algo rápidamente para que la gente escuchara cómo sonaba el nuevo cantante.

Hablemos entonces de The Wedge (1986). Personalmente me encantan “Just a Memory”, “Rat Race” y varias más. ¿Qué recuerdos o anécdotas guardas de aquel álbum? ¿Fue exitoso?

Sí, fue razonablemente exitoso. No recuerdo las cifras exactas, pero creo que vendió unas 24.000 copias.

El problema es que no fue lo bastante exitoso para que EMI mantuviera el presupuesto previsto para el siguiente disco. Así que terminamos dejando la compañía.

Recuerdo perfectamente la última mañana de grabación. Graeme y yo seguíamos trabajando en las letras porque estaban resultando especialmente difíciles. La última cosa que grabé fue el famoso “na-na-na” del final del álbum, justo cuando amanecía.

A las diez de la mañana llegaba otra gente al estudio y nosotros teníamos que haber salido a las nueve. Nos habíamos pasado completamente del horario. Mick Glossop, el productor, insistía en que debíamos llenar todos los espacios de la grabación. Incluso tuvimos que despertar a Neil para que grabara el final de “Just a Memory”.

Pasemos ahora a Beat the Drum (1998). Me gustan especialmente la canción que da título al disco, “Call to Arms” y, por supuesto, “Fragments of the Sun”. ¿Qué recuerdos tienes de ese álbum? ¿Fue un éxito?

Lo fue, porque durante años habíamos estado separados. Sentíamos que la banda tenía asuntos pendientes.

Cada uno siguió su camino. Yo me incorporé a la BBC en enero de 1990, por ejemplo. Pero finalmente nos reunimos porque necesitábamos hacer algo con toda la música que habíamos acumulado.

Hubo varios intentos de reactivar la banda antes, pero realmente volvimos a funcionar como grupo hacia finales de los noventa. Regrabamos mucho material junto a Ronnie y fue una época complicada, aunque terminar el álbum nos dio una enorme sensación de satisfacción.

Además, utilizamos los ingresos obtenidos por la reedición en CD de Knightmoves to Wedge para financiar Beat the Drum. Reinvertimos todo lo que ganamos en la propia banda. Gracias a eso volvimos a salir de gira y finalmente firmamos con Inside Out. Así que, sí, fue un éxito en muchos sentidos.

Después vino un largo silencio hasta The Cross & The Crucible (2001). ¿Qué ocurrió durante ese período? ¿Vacaciones? ¿Tiempo lejos de la música? El álbum contiene joyas como “For the Greater Glory” y “Midas Touch”.

La realidad es mucho menos emocionante. Todos teníamos trabajos y responsabilidades. Yo vivía en Londres y el resto de la banda estaba en Aberdeen y otras ciudades. Coordinar horarios era complicado.

Por eso nos llevó tanto tiempo completar The Cross & The Crucible. Pero una vez que comenzamos, sentimos que había algo muy especial.Es como cuando un escultor observa un bloque de piedra y ya puede ver la estatua que hay en su interior. No imponíamos la música; era la propia música la que se revelaba poco a poco. Fue una experiencia extraordinaria.

Después salimos de gira por Norteamérica, México y gran parte de Europa. Fue una época maravillosa.

¿Así que fue un período especialmente intenso en cuanto a conciertos?

Sí, absolutamente. Para mí esa fue la parte más importante.

¿Por dónde tocaron?

Italia, Suiza, Francia, Países Bajos, Alemania en varias ocasiones, Londres… prácticamente por todas partes. Hicimos una gira europea completa. Pero no era fácil. Todos teníamos trabajos y familias jóvenes. Conseguir diez días o dos semanas libres requería mucha planificación.

¿Cómo reaccionó el público en esos países?

Muy positivamente. Quizás había más gente en lugares como Alemania y los Países Bajos, donde ya habíamos tocado anteriormente, pero en todos los países encontramos un público muy comprometido.

La gente entendía perfectamente lo que intentábamos hacer.

Volvamos al álbum en sí. ¿Qué representa para ti The Cross & The Crucible?

Fue una fotografía de todo lo que la banda había aprendido hasta entonces.

Hay una sección en “The Blinding Darkness of Science”, concretamente la introducción llamada “Reflection”, que quizá se alarga demasiado antes de arrancar realmente, pero en general creo que es un gran disco. Además, sentó las bases para lo que vendría después. Nos permitió salir de gira con confianza y preparó el terreno para The Dreams of Men.

De hecho, en ese disco está “The Last Angel”, que sigue siendo mi canción favorita de todas las que he grabado con Pallas. Creo que es la mejor interpretación vocal que he hecho en mi vida.

Recuerdo que Graeme se marchó a casa un día y Neil y yo fuimos a cenar cerca del estudio The Mill. Regresamos y grabamos la voz completa de “The Last Angel” en una sola toma.

Una sola toma. Así de especial fue aquel momento.

Hablemos precisamente de The Dreams of Men. Me encanta “The Last Angel” y “Three Ghost Dancers”. ¿Qué puedes contarnos sobre ese álbum?

“Three Ghost Dancers” incluye el violín de Paul Anderson, uno de los músicos folk más reconocidos de Escocia. Toca prácticamente con todo el mundo.

Se ofreció a participar y pensamos: “¿Por qué no?”. Cuando escuché el resultado supe inmediatamente que era perfecto para la canción.

Además, la fotografía del soldado que aparece en el libreto corresponde al bisabuelo de Graeme, fallecido durante la Primera Guerra Mundial. Fue un proyecto muy emotivo para todos nosotros.

También tengo el álbum en directo The Blinding Darkness, la edición en CD.

Originalmente fue concebido tanto como DVD como CD. Inside Out nos ofreció la posibilidad de grabarlo en vídeo y decidimos hacerlo como si fuera lo último que fuéramos a realizar como banda.

Visto hoy, el resultado es muy interesante. Era la época del formato 4:3, antes de que el 16:9 se convirtiera en el estándar. Tuvimos que replantearnos muchas cosas visualmente, pero la empresa alemana que realizó la grabación hizo un trabajo excelente.

Por cierto, conseguí encontrar y escuchar Gratuitous Flash de Abel Ganz.

Sí, técnicamente fueron mis primeras voces grabadas. También fue la primera vez que entré en un estudio con un bajo colgado del hombro.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia?

Fue fantástica. Tenía apenas diecinueve años. Hablamos de más de cuarenta años atrás.

Abel Ganz era una banda extraordinaria, formada por músicos increíbles. Gracias a ellos terminé entrando en Pallas.

Fue una etapa complicada porque, justo después de grabar el álbum, recibí la llamada para unirme a Pallas. Poco después, cuando la banda recibió una invitación de Radio One para una sesión especial, yo ya me había marchado.

Años después hablé con ellos sobre aquello. Entendí perfectamente su situación. Ellos tenían carreras profesionales en marcha y no estaban dispuestos a abandonarlas para dedicarse por completo a la música.

También he notado que mantienes una buena amistad con Clive Nolan. Incluso trabajaste con él en Strangers on a Train antes de Beat the Drum.

Curiosamente no recuerdo demasiados detalles de aquella grabación. Lo que sí recuerdo es que Clive escribía las letras de la siguiente canción mientras yo grababa la anterior.

Lo obligaba a trabajar a una velocidad increíble.

Desde entonces hemos colaborado muchas veces. De hecho, fui yo quien le sugirió el nombre de Christina Booth años después para uno de sus proyectos.

También recuerdo una experiencia extraordinaria en Bolivia. Fuimos invitados gracias al apoyo de varios patrocinadores, entre ellos Metal Mind y algunos inversores sudamericanos.

Había músicos de Reino Unido, Bolivia y Argentina. Fue una experiencia fascinante. Incluso terminé apareciendo en la portada de un periódico nacional boliviano.

Yo también tuve la oportunidad de conocer a Clive varias veces. Con mi banda, Silver Lining, incluso llegamos a tocar como invitados.

Es una persona excelente. Cuando Pallas me apartó inicialmente de la banda, Clive me apoyó mucho.

Recuerdo haber visto posteriormente a Pallas con Paul Mackie como cantante. Pensé que era un buen vocalista, pero sentía que no había hecho suyas las canciones. Para mí eso siempre fue importante: apropiarse emocionalmente del material e interpretarlo desde tu propia personalidad.

Bella me comentó que hay un nuevo álbum en camino, Grey Sky Thinking. Escuché el primer adelanto, “First Responder”, una canción preciosa, aunque con una letra muy triste.

Sí. Habla de los equipos de primera respuesta: paramédicos, policías, bomberos y todas aquellas personas que caminan hacia el peligro cuando los demás intentan alejarse.

También trata sobre las secuelas psicológicas que sufren muchos de ellos: estrés postraumático, problemas familiares, dificultades para comunicarse.

La primera estrofa describe una situación de emergencia; la segunda se centra en lo difícil que resulta expresar después todo lo vivido.

Debo confesarte que soy muy curioso. Quiero saber más sobre este nuevo disco. ¿Cuándo se publicará? ¿Cuántas canciones tendrá? ¿En qué estado se encuentra?

Constará de nueve canciones. No hay piezas excesivamente largas; son composiciones más directas. Retoma el camino iniciado por Honey on the Razor’s Edge, aunque con una atmósfera más oscura.

Originalmente fue concebido durante la época del Brexit. En aquel momento me había separado de mi pareja, vivía en una pequeña habitación y había guardado prácticamente todas mis pertenencias en un almacén. Durante cinco años apenas trabajé en el disco.

Cuando volví a escucharlo me sorprendió comprobar que muchas de las cosas sobre las que hablaban las canciones se habían hecho realidad.

Hay un tema llamado “First Against the Wall”, construido principalmente sobre guitarras acústicas, que imagina la vida dentro de un estado fascista. Está narrado desde la perspectiva de un observador que ve cómo una mujer cercana participa en las protestas mientras él mismo termina viéndose obligado a esconderse y actuar en la clandestinidad.

Con el tiempo, muchas de esas ideas me recordaron situaciones que hoy pueden verse en distintos lugares del mundo.

También está “Into the Void”, la canción que abre el álbum y nuestros conciertos. Nació originalmente como una reflexión sobre el Brexit y sobre la manera en que ciertos movimientos políticos construyen poder a partir del miedo y de problemas exagerados o inventados.

La canción imagina a personas que, años después, se preguntan cómo llegaron hasta allí. Dicen que no sabían lo que iba a ocurrir, aunque en realidad muchas voces ya les habían advertido de las consecuencias.

Ese es el lugar emocional desde el que nace el álbum. No es un disco feliz, pero sí un disco honesto.

Cuéntame un poco más sobre tu regreso y tu participación en el nuevo álbum de Pallas.

Claro. Bueno, The Messenger ya tiene casi dos años… de hecho, más de dos años; prácticamente tres.

Todo comenzó poco antes de mudarme definitivamente a Escocia. Había dejado la BBC después de la pandemia y estaba pensando dónde establecerme: Glasgow, Aberdeen o algún otro lugar del norte.

Mientras buscaba casa, fui a ver a Mike Stobbie, con quien había trabajado muchas veces. Mike me llevó al pub y consiguió emborracharme bastante. Allí me comentó que Pallas estaba buscando un nuevo cantante.

Le respondí: “Ese es su problema, no el mío”.

Entonces me dijo: “¿Y si las cosas fueran diferentes? ¿Y si aceptaran todas las condiciones que tú siempre quisiste?”.

Le contesté que quizás, tal vez.

Lo siguiente que recuerdo es estar hablando por teléfono con Graeme Murray. Y, para ser sincero, estaba bastante borracho en ese momento. Aun así, acepté escuchar el material.

Mike Bentley me envió las maquetas y las escuché tres veces mientras viajaba de Glasgow a Aberdeen. Me parecieron realmente buenas. Sonaban al Pallas clásico, al Pallas del que me enamoré en primer lugar.

Había algo especial en aquellas canciones. Sin embargo, siempre he dicho que Pallas tiene una virtud y un defecto al mismo tiempo: son extraordinarios generando ideas, pero terribles para terminarlas. Así que fui muy directo y les dije:

“Hagamos esta, esta y esta. Olvidemos el resto y terminemos primero las mejores”.

Por lo visto todo fluyó naturalmente…

A partir de ahí el proyecto avanzó rápidamente.

Grabé las voces que necesitaban y así nació The Messenger. El álbum funcionó muy bien. De hecho, fue el primer disco de Pallas del que realmente obtuve algún beneficio económico. Fue un trabajo muy exitoso.

Y precisamente por ese éxito existe ahora un nuevo álbum.Mantiene el sonido de The Messenger, pero va mucho más lejos. Es más oscuro, más profundo. En muchos sentidos, es el álbum que siempre quisieron hacer.

Cuando me mostraron el nuevo material me preguntaron si quería participar y les dije que sí.

Conozco muy bien la situación actual de cada uno. He visitado a Neil un par de veces en Camboya y él ya me había dicho hacía años que probablemente nunca regresaría a vivir al Reino Unido porque es feliz allí.

Por su parte, Ronnie me comentó que disfruta componiendo música, pero que ya no tiene interés en seguir cargando teclados por todo el mundo.

Yo también había trazado una línea muy clara respecto a mi propia banda solista. Son músicos muy diferentes a Pallas. Quizás no sean tan virtuosos técnicamente, pero son personas extraordinarias y me encanta trabajar con ellos.

Por eso nunca existió un conflicto de intereses entre ambos proyectos. Todo eso ocurrió antes de que me diagnosticaran Parkinson.

Durante la pausa de ocho minutos que hicimos en la entrevista ocurrió algo muy curioso. Es increíble cómo funcionan las coincidencias. Acabo de recibir un mensaje de un viejo amigo que trabaja para Acid Dragon y vive en Chile. Se llama Juan. Tú lo conoces. Fue precisamente quien te entrevistó hace veinticinco años. Le dije que estaba hablando contigo y me respondió de inmediato. Tengo el mensaje aquí. Dice:

“Sí, claro que recuerdo aquella entrevista. Alan es un gran tipo. Por favor, envíale mis saludos y mi amistad”. A veces estas cosas parecen tener un significado especial.

Creo que para ti la amistad es algo muy importante. Lo percibo en tu relación con Pallas, en las colaboraciones de tus discos en solitario y en la forma en que hablas de las personas que te rodean. ¿Qué significa para ti la amistad?

Es algo fundamental. Una parte esencial de quien soy.

Necesito cantar canciones que tengan un significado real para mí y espero que también signifiquen algo para quienes vienen a verme. Así es como entiendo la música y así es como entiendo la vida.

He cambiado con los años, y las personas que me rodean también han cambiado, pero muchos de ellos han permanecido a mi lado durante todo este tiempo.

Además, nunca he tenido problemas con que la gente tenga gustos distintos a los míos. Mi pareja, por ejemplo, escucha mucho K-pop, pero también le gusta el AOR, el metal y cierta música progresiva.

Eso me parece maravilloso. Es fantástico que las personas disfruten distintos tipos de música.

Estoy completamente de acuerdo contigo. Para mí la amistad también es algo muy importante.

Mi esposa y yo atravesamos algunos problemas de salud y fue entonces cuando comprendimos quiénes eran realmente nuestros amigos. Hubo personas que estuvieron a nuestro lado para ayudarnos y acompañarnos.

Exactamente. Eso es lo importante.

Y ahora que estoy realizando mi gira de despedida, resulta aún más significativo.

Quiero que la gente venga a verme por última vez para poder despedirme personalmente de ellos.

Ya he actuado en el festival Winter’s End, en Gales, y también ofrecí un concierto acústico en el Mead Hall de Clive Nolan, pero eran situaciones diferentes.

Todavía me quedan actuaciones en Londres, Southampton, el norte de Inglaterra y Escocia.

Intento cubrir distintas zonas del Reino Unido porque viajar constantemente por Europa ya no es tan sencillo como antes.

Todo se ha vuelto más complicado. Pero es maravilloso reencontrarme con mis amigos.

Con todos ellos.

Una última vez.

Existe un proverbio latino que dice que los verdaderos amigos se reconocen en los momentos difíciles: “Amicus certus in re incerta cernitur”.

Exactamente. Exactamente eso.

Es en esos momentos cuando descubres quiénes son tus verdaderos amigos.

Alan, ha sido realmente maravilloso hablar contigo. He disfrutado muchísimo esta conversación. Para mí ha sido como cumplir un sueño.

Muchas gracias. Ha sido un placer. Cuídate mucho y espero volver a verte.

Gracias a ti. Y ojalá podamos encontrarnos en directo algún día, quizás en Lyon, donde vivo.

Perfecto. Nos veremos allí.

 

Por Thierry Sportouche

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