Como sucedió en muchas comunas, pueblos y villorrios del siglo pasado, la convivencia social prosperó en buena medida a través de tertulias y jornadas de encuentro entre vecinos, las cuales se desarrollaban en espacios propicios para la interacción entre coterráneos. Hualqui no fue la excepción. Las reuniones del Club Social, los convivios organizados por el municipio y las fiestas o malones efectuados en el antiguo cuartel de Bomberos de la comuna constituyen algunos ejemplos tangibles de esta confluencia comunitaria.
A este abanico de posibilidades se sumaron también algunos lugares pintorescos que favorecieron el diálogo y el esparcimiento, en una época en que la sobreestimulación y el individualismo eran conceptos prácticamente impensados. Tal fue el caso del “Democrático”, un recordado recinto que durante años dio vida a las más intensas veladas de la sociedad hualquina. Allí se analizaba la contingencia, se practicaban juegos de azar, se organizaban bailes y se degustaba uno que otro mosto, todo ello en un ambiente distendido y fraterno.
El Democrático, bautizado como Centro Democrático Flaminio Cruz (en honor al destacado vecino hualquino coligado a la historia de la República Independiente) era un punto de encuentro asociado al Partido Democrático Nacional (PADENA), una fuerza política de relevancia en la comuna de Hualqui y que correspondía a la fusión de varias organizaciones como el Partido Nacional Popular (Panapo), Partido Democrático, Partido Socialista del Pueblo, Partido Radical Doctrinario y el Partido Socialista Democrático (PSD). Además, el Padena fue integrante del Frente de Acción Popular (FRAP), hasta el año 1965, y más tarde se integró a la Confederación de la Democracia (CODE), hasta 1973.
El Padena fue fundado el 18 de septiembre de 1960 y su ideología se cimentaba sobre los principios del socioliberalismo (liberalismo progresista) y la socialdemocracia, alcanzado en varias oportunidades la alcaldía de Hualqui de manera propia o en pacto con el Partido Radical, siendo Clímaco Quevedo Castillo el primer edil del Padena, en 1960 (antes como Partido Democrático originario, ya habían logrado la elección de alcaldes como Rubén Barrenechea Quevedo, Emilio Delgado Reyes y Juan Alarcón Garcés, entre otros.)
El recinto se mantuvo, en una primera instancia, en una vieja casona ubicada en la intersección de las calles Portales y Carrera, pero tras el terremoto de 1960, y debido a los daños producidos por el megasismo, debió trasladarse hasta la calle Comercio (La Concepción), donde se mantuvo hasta su cierre, bajo la administración de Vicente Pereira Araneda y su esposa, Zulema Barrenechea Fierro.
El espacio representaba un punto de convergencia para distintas generaciones de hualquinos que buscaban compartir ideas, experiencias y opiniones. Las tertulias se desarrollaban en un ambiente ameno, donde el diálogo fluía entre partidas de naipes, juegos tradicionales, como la rayuela (en su nueva ubicación contaba con una cancha para tal efecto), “la ranita” o el famoso “montoncito”, además de cafés, bebidas o mostos, y los infaltables coloquios que abarcaban desde la actualidad política nacional hasta los acontecimientos locales.
En este contexto, la oralidad adquiría un rol central, convirtiendo cada encuentro en una instancia de aprendizaje colectivo y construcción de identidad.
Con el paso de los años, el lugar se transformó en un espacio idóneo para el debate de ideas entre personas de diversas líneas políticas, desde los aristócratas, marxistas, leninistas, liberales y socialistas, pero con un sentido amplio de respeto y conciencia social, por lo que este recinto fue reconocido no solo su función recreativa, sino también cultural y formativa.
Es altamente probable que muchas de las decisiones políticas, acciones culturales, proyectos o ideas de una mejor comuna se hayan generado desde una de las tantas conversaciones realizadas en el “Democrático”, que como lo indica su nombre, era un espacio de participación e intercambio intelectual de los hualquinos, en una época donde los medios de comunicación eran más limitados y la vida cotidiana transcurría con mayor contigüidad entre los vecinos.
En definitiva, las reuniones en “El Democrático” fueron un reflejo de una sociedad más cercana y participativa, donde el encuentro cara a cara era esencial para el desarrollo de la vida social. Estos espacios no solo permitieron el esparcimiento, sino que también contribuyeron a la formación de una conciencia colectiva, dejando una huella significativa en la memoria histórica de Hualqui.




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