Las irrupciones sinfónicas de las bandas chilenas se las arreglan de tiempo en tiempo para sorprender a los amantes del género. Tal vez no el estilo más o menos característico de la escena progresiva nacional, pero qué duda cabe que son recurrentes las propuestas de este tipo que han ido ganando espacio en el exigente abanico musical del rock progresivo criollo.
Un ejemplo de aquello fue Daltonia, que corresponde a un proyecto liderado por el inquieto y talentoso tecladista chileno Cristián Céspedes, el que contó también con la participación de Carlos González (bajo-guitarras), Christian Céspedes O. (batería) y Pablo Bairrotegui (guitarra eléctrica y acústica).
Este rasgo queda de manifiesta en el álbum debut del grupo de 1999 titulado “Observador de un Universo”, producción que salió al mercado bajo el rótulo de independiente y incluyó 7 composiciones, que se refrenda en una obra de tipo conceptual, tipo Eloy, basada en una reflexión más bien crítica de la humanidad y de sus acciones sobre la tierra.

Cristián Céspedes
Cabe destacar que, tras la primera etapa de autogestión, el grupo se integró luego a las filas de Mylodon Records para la distribución más efectiva de la placa, que fue asignada con la etiqueta MyloCD002 por la propia casa discográfica, la que además gestionó la reedición de la obra en Brasil a través del sello Rock Symphony.
La música puede ser considerada como una propuesta sinfónica-progresiva llena de sorpresas, cambios de ritmo y armonías. Todo ello ensalzado con la voz de un narrador que nos va conduciendo a través de extraños universos, mediante una prosa profunda que invita a la reflexión. Es muy difícil entrar en comparaciones porque la música de Daltonia o más bien, la forma de concebir los temas, es bastante particular, tanto así que, incluso, da cabida a un hermoso corte denominado “Kiñe We Mapu Ta Ñi Yalalun”, cantado íntegramente en Mapudungun.
Céspedes se propuso fortalecer su faceta de escritor y en año 2000 se mudó a Europa, específicamente a Barcelona, ciudad que se convirtió en el epicentro de sus nuevas aventuras artístico/literarias.
Después de colaborar intensamente con el poeta valdiviano Milton Albornoz, así como con el compositor y también poeta argentino Juan Malmierca, el período 2001-2005 fue para el creador de la banda un espacio muy prolijo para la generación de nuevas composiciones y relatos.
Aprovechando su regreso a Chile, Céspedes, junto a una nueva derivación de Daltonia editaría el 2007 un segundo disco, esta vez de manera independiente, titulado “Fragmentos de un Viaje”, con un line up distinto, que incluyó a Juan Malmierca (teclados, samples, efectos), Cristian Céspedes (teclados, voz), Carlos González (bajo, guitarras) y Benjamín González (batería).
El disco corresponde a una nueva obra conceptual, de tipo existencial, en donde tópicos como el placer y la soledad se entremezclan para, nuevamente, evidenciar la falta de humanidad de la sociedad contemporánea. Dicha obra, sin embargo, no logró la aceptación alcanzada por el primer disco.
Daltonia es sinónimo de sorpresas, travesías estelares y sueños de una sociedad menos individualista, todo ello llevado a la música, la que si bien, es un tanto difícil de digerir a la primera, logra hacerse de un espacio en tu mente, merced a la delicadeza y pasión que brota de cada nota.
Cristian Céspedes Bascuñán nació en 1970 en Santiago de Chile. Terminado el colegio, recorrió Sudamérica durante cinco años. Finalizado este período, y de manera autodidacta, inició su andar como compositor y tecladista, fundando la banda de rock progresivo Daltonia, con la cual registró en 1999, “Observador de un uni-verso”, su primer trabajo.
El año 2000, empujado por un deseo de cambio, partió a Europa y se radicó en Barcelona; es aquí que comienza a desarrollar su inquietud hacia la literatura.
Entre 2001 y 2006, en colaboración con otros autores, escribió tres selecciones de poesía, “El molino del tiempo”, “En el horizonte de la memoria” y “Época final”, y su primera novela, “Ciudades fugaces”.
En 2007 viajó a Chile y registró “Fragmentos de un viaje”, segundo álbum de Daltonia, realizando también una adaptación teatral de “Agatha”, de Marguerite Duras. Posteriormente, Cristian se trasladó a Turín, Italia, donde estudió en la AIS (Associazione Italiana Sommelier), donde dio pie a su primer proyecto como dramaturgo.

Leonardo Cienfuegos, el protagonista de “Ciudades fugaces”, es un hombre capaz, culto y seguro de sí mismo, un individualista que ha llevado, por casi una década, una vida entregada al placer y al descubrimiento.
El sexo, las drogas, la lectura o los viajes, han sido algunos de los medios utilizados para conducir su vida de ocio. Sin embargo, los años pasan y comienza a sentir que algo dentro de él se está “secando”, y Chile, el país “fósil” en el que siente vivir, nada puede ofrecerle ya. Entonces decide vender lo poco que posee, compra un billete de avión y parte para nunca volver.
Su periplo de exploración lo llevará a través del “paraíso de placeres urbanos” que, según él, da sentido a la vida, pero ésta, generosa y cruel, le enseñará que todo tiene un precio, y más temprano que tarde lo deberá pagar… un precio, quizá, demasiado alto.




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